¿Un big bang de la cultura barcelonesa?

September 11, 2022

Que las ciudades sean organismos complejos formados por cuerpos que interactúan -o no- entre sí es una constante que crece en la era de internet: las burbujas digitales en las que se refugian muchas personas, reforzadas por el algoritmo de separación, multiplican las ciudades en la ciudad , Barcelona en esta Barcelona escurridiza.

Por eso, si se pretende comentar los temas de la cultura de la vuelta al cole, hay que centrarse inevitablemente en escenarios cada vez más numerosos y dispersos. ¿Cómo evaluar el estado de salud y la esperanza de vida de un sector tan fragmentado? ¿La suma de Barcelona se puede considerar una ciudad?

2023 puede ser el año en el que se consolide la apuesta de Barcelona por ser una ciudad de arte y ciencia

La pregunta se presta a respuestas evasivas. Salvo que la atención se centre, precisamente, en los movimientos que contradicen esta tendencia al feudalismo cultural y que desde hace tiempo empiezan a proliferar en Barcelona. El más destacable de ellos sería el que conecta el arte con la ciencia y la tecnología, creando un espacio de intersección en el que la capital catalana puede desarrollar nuevas capacidades.

Una duda con la que comienza el nuevo curso es lo que tendrá más peso en el balance final: el efecto positivo de esta multiplicación de movimientos que vinculan áreas culturales dispares o la posibilidad de que la crisis energética y sus derivados desemboquen en una recesión que acabe de una vez nuevamente poniendo a prueba la resiliencia de este precario sector.

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Por el momento, desde el 11 de septiembre, la situación es incierta y se desarrolla por distritos. Según diversas fuentes consultadas, las preventas, aunque no se correspondan con las expectativas, en general se mantienen en niveles aceptables. Está por ver si los consumidores culturales acabarán comprando sus entradas en los días previos al espectáculo y si las librerías, que atraviesan un momento delicado, despegarán.

El Sónar del próximo año destaca como punto de encuentro de esta comunidad que está rompiendo barreras

Las situaciones de crisis tienden a fomentar conexiones entre sectores que de otro modo permanecerían aislados. Lo vimos durante la pandemia o con la unión de fuerzas para presionar al gobierno y obtener un presupuesto cultural digno. En este caso, podríamos hablar de cooperación forzada, como lo son las coproducciones de espectáculos destinadas a eludir la rigidez de determinados acuerdos.

Pero existe otro tipo de cooperación, la cooperación creativa, que no solo suma potencial, sino que lo multiplica. Y no sólo se desarrolla en el campo del arte y la ciencia. No es que no existiera en el pasado, sino que hoy parece surgir una generación de gestores culturales con más ganas que nunca de salir de su entorno natural en busca de nuevas ideas.

Todavía en fase de cocción, existen iniciativas transversales que pueden dar resultados sorprendentes en el campo de la música y en la puesta al día de edificios históricos. Otros, ya anunciados, apuntan a formas fructíferas de cooperación. Por ejemplo, la decisión de la Fundació Catalunya La Pedrera de conectar, a través de sus exposiciones, con el Liceu, la Esmuc, la Fundació Suñol o la Biblioteca de Catalunya.

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La capital catalana debería asumir un mayor protagonismo en el año del cumpleaños de Picasso y Miró

El Macba, por poner otro ejemplo de este viaje, acoge una exposición de la artista Carrie Mae Weems, organizada conjuntamente por dos fundaciones de la ciudad dedicadas a la fotografía: Mapfre y Foto Colectania. Y la Fundació la Caixa ha diseñado un ciclo donde la ciencia entra de lleno en el CaixaForum.

Hay otros ejemplos, pero quizás el más relevante sea la exposición conjunta que los museos Picasso y Miró ofrecerán el próximo año, en conmemoración del 50 aniversario de la muerte del pintor malagueño y el 40 aniversario de la muerte del barcelonés. Esta exposición ofrecía una excelente oportunidad para que la capital catalana liderara la celebración de estos aniversarios (hay que añadir los cien años de Antoni Tàpies y Victoria de los Ángeles), pero no parece, por el momento, que la ciudad haya tomado esta decisión un paso adelante.

En definitiva, Barcelona puede diluirse en una celebración coordinada (en el caso de Picasso) de Madrid y París. Y que la ocasión sea única, ya que esta celebración nos debe permitir tejer una red para estrechar alianzas con ciudades mironianas como Palma y Oporto (tiene una excelente colección del artista) y ciudades picassianas como Málaga o París. Sin olvidar Madrid, que atesora el abundante trabajo de ambos en el Reina Sofía.

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De la cooperación por necesidad, hemos pasado a la cooperación creativa entre agentes culturales

Pero 2023 también podría ser, como se señaló anteriormente, el año en el que la vibrante comunidad de artistas, colectivos, fundaciones e instituciones que trabajan por la convergencia del arte, la ciencia y la tecnología logrará un progreso significativo. El festival Ars Electronica que se celebra estos días en Linz, acoge una actuación catalana relevante.

La 30ª edición de Sónar prolongará una prodigiosa primavera musical (solo Coldplay, Bruce Springsteen, Harry Styles y Elton John reunirán a cerca de 400.000 espectadores), pero también servirá como lugar de encuentro para la activación de la comunidad artística y científica. .

El escenario será Montjuïc, donde cada año se celebra Sónar + D. Un espacio que el director del Teatre Lliure, Juan Carlos Martel, también ha reclamado esta semana para un encuentro entre artistas, científicos y tecnólogos.

La apuesta interdisciplinar por la cultura se une al espíritu de la Nueva Bauhaus Europea

Esta apuesta de Barcelona, ​​si se impulsa con la ambición necesaria, se une al espíritu de la nueva Bauhaus europea, que tiene su centro simbólico en el edificio que alberga la Fundación Mies Van der Rohe.

Mañana precisamente se inaugura en Ciudad Consentino una exposición en la que la artista Bea Sarrias y el cineasta Morrosko Vila-San-Juan deconstruyen pieza a pieza el mítico pabellón para reconstruirlo de nuevo con técnicas audiovisuales y pictóricas. Es precisamente esta interconexión entre las disciplinas la base de la principal apuesta de Barcelona en 2023.