La onírica masturbación de un Iñárritu desatado, para bien o para mal

September 23, 2022

La autoconciencia de tus errores no los hace menores. Alejandro González Iñárritu es consciente de que en ‘Bardo’, la película a la que siguió un interminable subtítulo de parodia casi sin darse cuenta, introdujo su propia maquinaria, e incluso la parodia en la propia película, con muy poco éxito. En busca de la película perfecta, yEl director cometió el error de amarse demasiado y creer que todos lo seguiríamos en este viaje del ego. escandaloso que técnicamente lo consigue pero fracasa en cualquier intento de impresionar al espectador.

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El emperador va desnudo

Que tuvo la autoestima de Iñárritu, que dedicó dos horas y media (tras cortar veinte minutos tras su polarizante visita a Venecia) a explícanos que es un gran director y tratando de apoyar todas las cuentas de Twitter de “One Perfect Shot”. Y sí, por separado, ‘Bardo’ está lleno de planos perfectos, simétricos y espectaculares que harán las delicias de los amantes de la buena composición. Sin embargo, en el contexto de la película, estos planos no tienen por qué existir, y son sólo una parte de la búsqueda autoindulgente de un director más preocupado por el legado que va a dejar que por escribir un discurso. El mexicano pone la historia al servicio de la técnica con un único objetivo: que veamos las cosas que sabe hacer.

Iñárritu quiere crear un poema visual, pero Luis Buñuel no. Por prodigiosa que sea ‘Bardo’ en el apartado técnico, todo buen poeta visual cuenta algo en sus planos más allá de dejarse llevar por la belleza y la espectacularidad: el director nos presenta una película autoritaria carece de un marco lo suficientemente fuerte para justificar tal arrogancia. Y es que la cinta de Netflix se debate entre ser una comedia, un drama o un mal ejemplo de cine social (con guiones tan poco sutiles como “Amazon compró un estado en Estados Unidos”), sin darse cuenta de que esta falsa búsqueda de sentido esconde lo único que realmente quiere ser pero no logra: una película sensacional.

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‘Bardo’ vive y debe ser una experiencia que cambie la viday para ello utiliza toda la ingeniería posible, desde frases grandiosas que no dicen nada (esa bochornosa escena en el baño) hasta confusiones espacio-temporales, planos secuencia imposibles y metacine, sin desdeñar una engañosa inversión final que suena más a la conclusión de una universidad corta que una obra supuestamente hermosa como esta. Iñárritu no teme caer en el ridículo del énfasis absurdo ya lo largo de la secuencia tiene a su protagonista (que es él mismo, sin demasiado enmascaramiento) conversando con Hernán Cortés sobre una torre de carrocería, nadando desde un autobús hasta su propia casa y sobrevolando un desierto en una aeronave subjetiva. Pero lamentablemente para sus intenciones, los espectadores no quedan deslumbrados por sus habilidades cinematográficas y podemos ver que el emperador no lleva un traje nuevo: está completamente desnudo.

Entre el One Perfect Shot y el video de WhatsApp

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, “Bardo” no es el nombre que Iñárritu se da a sí mismo en una película pseudo-autobiográfica, sino el espacio entre la muerte y el renacimiento en el budismo. Esta película, que pretende ser más grande que la vida y traspasar los límites de lo cinematográfico, supone la muerte del director como narrador y su renacimiento como mago capaz de traducir los sueños en imágenes. O eso cree él, al menos.

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No es la única película de este año que rechaza por completo la narración convencional para contar pequeñas piezas totalmente diferenciadas en tono e intención. ‘Bardo’ comienza con un sketch que tu tía podría enviarte por WhatsApp con el texto “¡Mira esto!” Jajajaja” y termina con un intento de reflexionar sobre la vida que llega demasiado tarde, cuando la película nos va sacando poco a poco y va creciendo.

No voy a negar lo obvio: verlo lo es, si podemos dejar de lado el ego del director y la impresión persistente de que es solo una película complaciente, agradable. Sí, de verdad: visualmente es espectacular (fijaos en esa fabulosa escena con “Let’s dance” de fondo) pero cualquier intento de romper esa burbuja de preciosidad y centrarse en los sentimientos sale mal. Porque en ‘Bardo’ todo es tan artificial que hasta los sentimientos se imponen.

Una epopeya inolvidable

Sin duda lo más interesante de ‘Bardo’ yace en la hipocresía de Silverio, su protagonista, quien luego de una vida que se ha labrado un nombre en Estados Unidos decide regresar a México por unos días y se comporta como si fuera un patriota… Para enojarse después si alguien no lo hace considera a los Estados Unidos como su hogar. Es a esta dualidad a la que Iñárritu, viéndose probablemente reflejado, dedica más tiempo, ironía y amargura, y sus reflexiones, aunque no siempre aciertan, tienen valor. Silverio, el libertador de los pobres que acepta un premio de los capitalistas. El que cree en México pero manda a sus hijos a vivir al extranjero. El yanqui mexicano.

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Lamentablemente, estos son pequeños momentos envueltos en aburrimiento debido a conversaciones olvidables entre personajes que van y vienen, que ni siquiera importan en la película. Son la excusa del director para hacer sus trucos de magia y jugar con el medio.: deja boquiabierto a un amigo de Silverio, cambia de tamaño cuando habla con su padre (un efecto que por cierto no funciona en absoluto), se presenta como un personaje de su propio documental.. Suena bien sobre el papel, pero En el fondo, “Bardo” es demasiado querido para aprovechar todas sus posibilidades.

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‘Bardo’ quiere ser tan revolucionario, innovador, diferente y sorprendente que No se da cuenta que hemos visto su historia mil veces, su giro final es una tontería y las secundarias son meros extras de un desagradable protagonista. Visualmente impresionante, sí, pero después de media hora empiezas a mirar el reloj, solo para descubrir, con cierto disgusto, que todavía quedan dos horas. La BBC tituló su reseña “una película de tres horas que te hace sentir como si tuvieras 17”Y no podría decirlo mejor. El aburrimiento más hermoso que he visto.